La calor.

El calor de la noche me azota cada poro de la piel mientras se me derrite la cara en el escote del vestido. El champán está tan seco como el pan dulce que yace bajo el ventilador y la copa transpira, imitándome. Faltan tres minutos para que el año cambie la piel y nosotros festejemos que lo mismo ahora tiene otro dígito. Como la combinación de una valija cerrada que, aunque se prueben distintas alternativas, ninguna es la correcta. Nada es esperanzador en este panorama y mi conciencia lo sabe. Me seco el bozo con el dedo índice de la mano derecha y miro el reloj.

Ella también tiene calor. Su copa está vacía pero Mariano advierte la falta y la llena de sidra, Teresa lo mira y le agradece, se dan un beso.

Entre mi abuelo que grita porque alguien le robó su pedazo de turrón y mi tío que ya está demasiado borracho pero necesita opinar en todas las conversaciones, llegan las doce. Así se inicia el 2017, la Stacy Malibú con otro sombrerito.

Brindo con una sonrisa falsa que me hace doler los pómulos y corro hacia la heladera para buscar nada, solo quiero que el fresco artificial me pegue una patada que me recuerde que estoy viva, por lo menos por un instante. El único ventilador de pie revuelve el aire caliente como si fuera una sopa, las veinte personas que me rodean celebran el cambio obviando que el calendario no es otra cosa que un Sudoku en números romanos.

No alcanza el aire para todos y sin embargo mi atención se concentra en una única persona: Teresa. “Pero qué linda”, “qué delicada”, “qué simpática”, “qué servicial”, “qué todo lo que está bien que es Teresa”. Las conversaciones en la cocina la tienen como protagonista y se interrumpen solo cuando entra a buscarle un plato a mi abuela o una cerveza a mi papá. La novia de mi primo Mariano es la estrella de la noche, la novedad, la que finalmente logró enganchar al supuesto soltero vitalicio que jamás había presentado una mujer.

Ella sonríe como si fuera inmune al calor agobiante y escucha cada anécdota familiar con entusiasmo. No se le pega la ropa al cuerpo, no le gotea la transpiración por las cejas, no huele a treinta y cinco grados de sensación térmica. Él la sigue con el cuerpo y con la mirada, la busca, la hace sentir cómoda e incluida. Lo que se ve es el resultado de lo que sienten: están genuinamente felices.

Me ofrecen doce pasas de uva para que pida mis deseos, como cinco de golpe y el resto las dejo en la mesita del televisor. Agarro el celular y todos escriben en distintos grupos pero nadie a mí en particular, entonces lo dejo para no seguir dándole puñaladas a mi autoestima. Voy al baño. Me siento en el inodoro con la tapa cerrada y me cubro la cara con ambas manos.

Desprevenida y vulnerable es el estado preferido de los recuerdos a la hora de atacarte, y así es como un pestañeo me basta para retroceder un año y ver la secuencia con claridad: Mariano me aprieta la cola con ambas manos y me coge contra la pared de la canilla, al tiempo que grito en silencio contra su hombro y le pido que acabe afuera. Es rápido, yo más. El zócalo queda manchado de semen, salgo a escondidas y él se ducha para disimular. Más tarde explicaría que tenía calor. Un recuerdo, solo un recorte de lo que habían sido nuestras decenas de encuentros prohibidos antes de que el amor por otra lo hiciera recular.
Vuelvo a la mesa festiva, angustiada. Teresa se acerca con la intención de conversar. Es entendible, junto con mi primo, somos los únicos que compartimos una edad similar. “Mariano me contó que actuás, ¿cómo va eso?” me pregunta. Le explico que voy a buscar una bebida y vuelvo para charlar, pero salgo a la vereda y empiezo a tirar cohetes con mis primitos. Me quedo un rato ahí, el humo y el ruido son grandes placebos para un corazón que bombea tristeza.

A la una de la mañana ya estoy lista para irme, sensación que vengo gestando desde que llegué. Tengo que esperar que a mi papá se le pase un poco el pedo, por lo que voy a estar retenida en la casa de mis abuelos hasta las tres y media de la mañana, en el mejor de los casos. “La actuación va mal, no tengo trabajo. ¿Algo más me querés preguntar, infeliz?” fue la respuesta que le negué con el orgullo del que fracasa pero puede omitirlo.

Avanza la hora, la temperatura, la vida. Quedamos pocos y Teresa descuelga su cartera que cuesta más que la silla que la sostiene y que todos los muebles de la casa. Anticipando su partida, me escondo en el lavadero. No hubiera podido tolerar la humillación de darle un beso y que el pelo no se le pegue a la nuca. Me siento sobre la mesada con la luz apagada para descubrir que ahí, en el fondo de la casa y bajo las paredes repletas de humedad, el lugar está fresco. Con la luna como único testigo, me quedo dormida.

A las cuatro de la mañana me despiertan los gritos de mi mamá. “¡Acá estás!” es lo primero que escucho, seguido por una catarata de insultos. “Todo el barrio está buscándote” agrega. Ya había hipótesis sobre mi desaparición y el vecino de enfrente juraba haberme visto entrar a una camioneta blanca y desaparecer.

“¡¿A dónde estabas?!” pregunta mi abuela apenas me ve llegar. “Durmiendo en el lavadero, estaba fresquito” respondo. Me mira con ternura y me sirve un vaso de una sidra que se habían olvidado en el congelador, la única bebida fría que tomé en toda la noche. La tormenta eléctrica pronosticada brilla por su ausencia y el calor se apodera de cualquier acción física. “Agarrá todo que nos vamos” grita mi papá, todavía borracho y enojado por mi extravío. Subo al auto con el orgullo de haber llegado a la recta final de una noche que se presentaba como imposible. Agarro el celular, me saco una foto y se las mando a mis amigas. “Estás liquidada” comenta Valeria. “Sí” respondo. “Pero todavía de pie”.

Anuncios

4 comentarios en “La calor.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s