Un año, 8 meses y 15 días.

Cuando lo conocí no me impresionó. Estaba desarreglado y un tanto sucio, pero sabía que juzgar por las apariencias era un error así que le di una oportunidad y comenzamos una relación.

Los primeros seis meses fueron maravillosos: todo era nuevo y distinto, me sentía contenida pero desbordaba libertad, no paraba de hablar de él y de lo maravilloso que era. Todos me felicitaban, me hacían preguntas y se alegraban por verme tan feliz; y yo con una sonrisa en la boca les decía que cumplía todo lo que tanto necesitaba. No había miedo, no había dudas, él estaba y yo vivía.

Pero a los seis meses todo cambió. No fue tanto nuestra culpa sino la de terceros. El vínculo bilateral se vio afectado por extraños que llenaron de ruido nuestra relación. Yo empecé a estar incómoda, a llorar, a no poder dormir, a querer irme del abrazo que era verlo a diario. Él no podía hacer nada porque no tenía la culpa, yo tampoco la tenía, ninguno hacía nada para dañar al otro y sin embargo no podíamos seguir juntos. Yo ya no era feliz, iba más allá de nosotros. Todos lo sabían. Pero qué iban a hacer.
Pensé que íbamos a estar toda la vida juntos y sin embargo un año, 8 meses y 15 días fueron suficientes. Nunca hubiera querido dejarlo, recién cuando no hubo más remedio me vi obligada a hacerlo.

Así, hecha un derrumbe de sentimientos, dejé mi primer departamento. El departamento de mi emancipación, el primer hogar que construí, dejé todos mis primeros recuerdos de vivir sola para que otros sueños me usen las esquinas.

Todos los capítulos maravillosos que enhebré en mi historia hacen que los tres hogares y dos mudanzas en un año, 8 meses y 15 días hayan valido la pena.

Ahora todo va a ser distinto, él no lo sabe pero se le vienen dos perras maltesas a las que va a tener que cuidar, y yo tengo la pared bordó que siempre quise.

¿Empezamos de nuevo? Dale.

El nuevo está buenísimo, es más grande pero un tanto más frío, más distante. Me hace sentir segura y como tiene alfombras le puedo caminar descalza, ahora tengo balcón. Vamos a tener nuevos problemas seguramente, distintos, pero también muchas nuevas alegrías y algún que otro murciélago en el taparrollo.

El bienestar como prioridad y los cambios como esperanza, siempre. Pero bueno, no corresponde que siga hablando de mi nuevo amor, recién nos estamos conociendo.

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