Recopilación IV

(Con links a los tweets).

Sacar conclusiones basándonos en lo que uno supone que el otro piensa es incluso más inútil que creer que uno sabe lo que el otro siente. Porque vamos, “nos amamos” es pasado y presente en simultáneo, y si ni siquiera el mismo verbo supo definirse mirá si nosotros vamos a poder con todo eso.
Reemplazar “mi amor” por un nombre propio se llevó puestas más vidas que el tabaco, los accidentes de tránsito, la mala praxis y el alcohol; pero si manejás las expectativas con cautela y sabés que la reciprocidad no siempre vuelve con lo que das, encariñarse rápido es una gran opción.
Ya sabemos que en el juego caprichoso de quién le habla primero a quién el único que gana es el tiempo perdido; pero a veces obligarte a creer que ya se olvidaron de vos es la mentira mejor paga a la hora de intentar seguir adelante.
Buscarle la explicación racional a un sentimiento para no sufrirlo es útil porque la sensación de alivio a veces te dura hasta dos segundos. Y sí, la profesión más antigua del mundo es hacerse el boludo.
Te forman para creer que la felicidad está en todo lo que no se parece a la vida cotidiana y pretenden que estés conforme con tu realidad; pero trae una calma hermosa aprender a comprender que no es que no le importás a nadie, no le importás a todos. Y que es así, y que está bien. De todos modos, estoy esperando que llegue el amor para preguntarle dónde estuvo, con quién, por qué apareció tan tarde y que se vaya a dormir de la madre. Qué ganas de vivir con una felicidad absurda e inexistente como la que propone Coca-Cola.
Sacando fuerzas de donde no existen uno apenas si puede con su vida. Es muy desgastante tener que lidiar con gente que no quiere quererse. Quiero hacerte plenamente feliz sin tener que caer en esos vicios incoherentes y destructivos como esforzarme o cambiar.
La primera conversación de dos que se gustan debería ser sobre cuál se va a mudar al exterior para evitarse el tedio de vivir un romance. Cada vez que me hablan de un noviazgo de más de 4 años pienso en el medio limón que tengo en la heladera. Y con todos estos pedacitos de corazón que nunca pude volver a encastrar te explico por qué desconfiar es una virtud.

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