Y así, miles.

Hola Agus, ¿Cómo estás?
(Mal, destruida, rota) Todo tranqui, ¿vos Bauti?
(Arrepentido, triste, confundido) Todo tranqui también. ¿Tus cosas?
Súper bien por suerte, trabajando muchísimo, estudiando, saliendo. Me aparecieron un par de oportunidades copadas, vamos a ver qué pasa con eso.
(Matate) Genial!
– (En tu cara, imbécil) Sí 🙂
(Qué linda que estás en esa foto, por favor) El otro día me acordé de vos (pienso en vos todo el tiempo, siempre) porque me crucé a tu hermano en la cancha.
(¿Sabés lo que me costó volver a estar más o menos bien después de que me dejaste?) Sí, me dijo.
¿Cómo está tu mamá?
(Mal, me pide por favor que deje de llorar y ya no sabe qué hacer para darme fuerzas para mejorar) Muy bien. ¿La tuya?
(No sé, no le hablo hace días, no le quiero contar que nos separamos, te ama incluso más que yo) Muy bien, también.
Qué bueno. Mandale un beso.
(Esta conversación no se puede terminar sin que te diga lo mucho que te extraño) Gracias, mandale uno a la tuya.
Gracias.
(Deciselo ahora, pelotudo) Y a tu hermano.
Jaja, gracias.
(Dale, decile que la extrañás y que la querés ver, no seas cagón, dale) Y a tu papá, jajaja.
(¿Qué le pasa a este tarado?) Bueno, le mando a toda mi familia mejor.
(Dale Bautista decile lo que te pasa) jajaj, sí.
(Decile que lo extrañás) 🙂
(LA CONVERSACIÓN SE ESTÁ TERMINANDO Y VOS NO LE DIJISTE NADA, DECILE LO QUE TE PASA NO SEAS EL MISMO CAGÓN DE SIEMPRE, LA VAS A PERDER) 🙂 (Bué, sos un pelotudo)
(Se termina la charla, decile que lo extrañás, decile que te hace falta, decile que seguís pensando en él y que morís de ganas de que te abrace) Besos, Bauti.
Te extraño mucho.
Yo también.
(Vos no vas a cambiar. ¿Estás más feliz? Ahora dejala tranquila) Hablemos cada tanto, ¿sí?
(NO) Dale.
Besos!
Besos.

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El perro de la calle.

El perro de la calle es libre.

El perro de la calle nunca nació, simplemente estuvo desde siempre, uno no recuerda cuando apareció ni tampoco cómo llegó, pero así vive: dueño.

El perro de la calle tiene jurisprudencia en la cuadra, en la que quiera, ninguna le es ajena pero sabe exactamente en cuáles le conviene quedarse. Su interés es funcional a la comida; pero también a la compañía, al interés, a la protección, a la curiosidad, a la costumbre y al juego.

El perro de la calle no es dócil, no es simple, es de todos pero sabe perfectamente que no es de nadie y que representa solo sus propios intereses. Conoce cómo actuar con cada individuo, hasta dónde dar y qué va a recibir en compensación; pero se permite entregarse cuando la confianza lo amerita. No tiene maldad pero nunca mostraría sumisión, no busca agradar pero tampoco es agresivo si no se lo provoca.

El perro de la calle es puro instinto, puede tornarse molesto e invasivo, tiene poca claridad en cuanto a límites y se pone en riesgo las veces que sus vísceras lo consideren necesario.

El perro de la calle tiene amigos pero es independiente; tiene amores de los tácitos y de los implícitos; nadie sabe muy bien qué hace cuando no está o cuando llueve, quién lo lastimó o quién lo curó, quién le puso ese collar a la mañana o quién se lo sacó para la tarde, por qué no duerme a la noche.

El perro de la calle está lleno de rumores, los que lo quieren lo protegen de los que no; es un comodín funcional a las necesidades barriales que, en definitiva, va a hacer lo que quiera.

El perro de la calle está y forma parte, es. Como unidad en un todo, como elemento en un paisaje; se aprovecha lo que da cuando se lo ve y se lo olvida cuando desaparece, porque seguramente ande por ahí haciendo de las suyas, porque sabe valerse de la soledad, porque no le teme a la ciudad o a la noche, porque va a volver, porque es así, porque va a estar bien.

A veces me siento un perro de la calle.