Arroba Diego

Silvio se despierta por primera vez ese día, ya que en algunas pocas horas la cama lo encontrará nuevamente enrollado entre sus sábanas. Se dirige hacia su cocina en el afán de prepararse el desayuno pero el panorama no es esperanzador: la heladera está casi vacía, las alacenas desiertas, el horno juntando pelusa.
Silvio tiene 43 años, es soltero y está desempleado; logra subsistir gracias a las changuitas que consigue de vez en cuando y apenas si le alcanza para pagar el alquiler a principio de mes.
Con el mate a medio hacer y todavía intentando abrir los ojos, prende la netbook desbloqueada del gobierno que le regaló su sobrino y se conecta al WiFi de su vecino, porque le espera un extenso día de trabajo dentro de Twitter.
Silvio tiene una cuenta de Twitter hace medio año aproximadamente, lo que escribe es mediocre y tiene nula trascendencia. Logró conquistar algunos seguidores gracias a la piedad de las cuentas numeralmente grandes a las que se cansó de mencionar en busca de atención, pero cada día se encuentra más involucrado en el juego virtual y quiere superar el número 100.
Lo primero que hizo fue eliminar su foto de perfil, encontró en Google varias imágenes de jóvenes atractivos y se quedó con la de un bello modelo noruego. También cambió su nombre y su arroba, las elecciones tenían que coincidir con la edad del de la foto y tenían que ser atractivas para los lectores. Lo último y más importante que decidió hacer fue comprar seguidores; acusando un supuesto problema cardíaco que lo obligaba a tomar medicamentos que en su situación financiera le eran imposibles de comprar, le pidió plata a un amigo e ingresó a comprarseguidores punto net.
De un día para el otro, Silvio era Diego y tenía 2000 personas leyéndolo.
Sus primeros tweets tenían faltas ortográficas, estaban redactados erróneamente y no respetaban ninguna regla de puntuación. Era lógico, Silvio no había terminado el colegio secundario, y Diego menos. De a poco comenzó a comprender qué temas importaban, qué servía como tópico, qué recolectaba estrellitas; y de ahí en más su cuenta comenzó a funcionar con la palanca de cambios en tercera.
Dos meses después de este día donde inició su camino en la red social del pajarito y nuevos préstamos monetarios mediante, la cuenta de Silvio era Pro y tenía 10000 seguidores.
Y así es como entonces Silvio comenzó a escribir.

La noche del cumpleaños de su mejor amigo se celebró en una parrilla. Silvio solía ser el blanco de las cargadas de su grupo por su obesidad y lo desprolijo de su vestimenta. Cuando volvió, escribió:

“Cuando viajo en avión me siento al lado de las gordas por si se cae, a mí me gusta comer bien.”

10 RTs – 35 Favs

Silvio nunca había viajado en avión. Silvio no conocía el mar.

10 seguidoras se miran al espejo, lloran y deciden no volver sacarse el short ni la remera para estar en la playa.

Estando sentado en un banco de plaza y viendo a un padre jugar felizmente con su hijo, la inspiración lo impulsa a escribir:

“La gorda solo baja si se sienta en un sube y baja.”

20 RTs – 50 Favs

Silvio nunca había jugado en un sube y baja con su padre porque lo había abandonado al nacer.

5 cuentas femeninas que lo siguen involuntariamente (cayeron en el paquete de seguidores que compró) lo leen y comienzan un lento camino hacia la anorexia.

Una noche de lluvia, absolutamente solo, tuvo una idea de tweet brillante:

“A la mina mientras la cogés la tenés que tratar de puta y si se hace la loca le ubicás una cachetada, por puta.”

70 RTs – 120 Favs

Silvio no tenía sexo hacía 5 años, desde su último noviazgo.

A 10 seguidores les parece divertidísimo lo que acaban de leer y piensan implementarlo en su próxima relación sexual ocasional.

Un día tuvo un mal día.

“Gorda puta.”

50 Rts – 35 Favs.

Silvio había comenzado a comprar ropa en el Ejército de Salvación, porque la de él ya no le entraba.

6 seguidores le escriben en el banco escolar a una compañera “Gorda puta.”

Diego está en Twitter. Diego está en Facebook, en Instagram, en YouTube, en las redes sociales, en los medios de comunicación, en la calle, en tus amigos, en tus conocidos.

Diego no existe y va a seguir existiendo, porque está instalado en la sociedad, pero Diego es una pantalla a un problema que está detrás; que es Silvio.

Diego es Silvio, y Silvio no es nadie. Y somos todos.

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9 comentarios en “Arroba Diego

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