De lo que duele.

“Si te agarro con otro te mato, te doy una paliza y después me escapo” canta alegremente Cacho Castaña, en su éxito musical titulado (un hallazgo, impredecible) “Si te agarro con otro te mato”. Y mientras los acordes alegres nos invitan a menear la entrepierna al ritmo del choclo de plástico y la maraca, armamos un trencito de carnaval carioca en el que todos sabemos que alguna se va a estrellar.

El mensaje de la canción es violento, abusivo y altanero.

BELÉN, NO TENÉS HUMOR, ES UNA CANCIÓN PARA DIVERTIRSE. Tenés razón, no tengo humor y por eso merezco morir. Voy a ver si me busco un tipo que me valore tanto como lo haría Cacho así le meto los cuernos, me caga a palos, me mata y después se escapa.

No es necesario levantar la mano para lastimar a alguien. El maltrato verbal está al alcance de la lengua y es una forma de violencia. Tampoco es necesario llegar al extremo de la falta de respeto rellena de puteadas y con cobertura de descripciones despectivas, con un simple (“simple”) “estás gorda” alcanza y sobra.

Milton Roses escribió en su cuenta de Twitter:

Está de moda ser maleducado, desconsiderado y forro. Le dicen “ser frontal” y están convencidos de que es una virtud.

Aplausos para él.

Cuando la violencia verbal viene de la mano del que te da la mano, es como que el dolor le cortara las piernas a la tortuga que está sosteniendo tu mundo y se te cayera a pedazos la realidad.

“Estás gorda”; “Tenés panza”; “¿Quién te va a dar bola a vos?”; “Mirá a tus amigas, andá a peinarte”; “Mirá lo linda que eras antes”; “Me da vergüenza salir con vos”; “Parecés una ridícula”.

Quizá para los corazones menos entrenados en lo emocional parecieran nimiedades intrascendentes, simplezas que uno dice cada tanto y no tienen valor ni peso en una relación. Pero cuando estas palabras vienen de ese que te importa son misiles directos al autoestima, que a la larga te destruyen. Quizás el impacto no es inmediato; pero van carcomiendo de a poco tu seguridad, tu confianza y terminás hecha un trapo de piso limpiando la mierda que los otros te tiran, mierda que tiene tu nombre.
Me encantaría haber inventado los ejemplos pero lamentablemente son frases que les he escuchado a mis amigas.
Imaginate que después de estar en pareja durante dos años inesperadamente un domingo tu novio te diga: “anoche te miraba y no me gustabas”. Imaginátelo vos, yo no lo necesito porque a mí me pasó. O que te digan: “para tu cumpleaños te voy a regalar una máquina para hacer abdominales” y ejemplos sobre donde podrías guardarla. Tenía panza, era mi culpa.

No hay que permitir ningún tipo de maltrato. No hay que ser cómplice del discurso que te condena. No limpies la silla eléctrica en donde te van a hacer arder. El trato despectivo no es una forma de amor. Al amor recíproco hay que educarlo poniéndole límites y explicarle los alcances y las fronteras.

“Él es así” no es un justificativo válido, nadie te va a beatificar por festejar que le corten el pelo a tu autoestima sin tu autorización. Lo que te hace mal no te va a empezar a hacer bien sólo porque lo permitas guiñándole el ojo.

Toma mucho tiempo alejarte del generador del daño una vez que la unión es emocional y está viva, pero se puede, se sale. Y toma incluso más tiempo volver a creer en vos, pero se logra, se consigue.

La clave está en saber rodearse de la gente correcta, los que te aman y quieren lo mejor para vos, ellos van a saber darte la fuerza y la confianza para enfrentar las situaciones que sentís que no podés manejar. Hay que pedir ayuda.

Que en la caravana de la defensa de tu persona la que vaya primera alzando la bandera siempre seas vos.

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10 comentarios en “De lo que duele.

  1. Tu análisis es brillante, como siempre. Tiene su punto de humor, pero como bien dice el título, duele.
    Lo que vengo comprobando en los últimos tiempos es que las mismas mujeres son tan feroces con sus congéneres que no falta ocasión de que, con la excusa de que te quieren bien, te tiren la autoestima al piso.
    Hace unos días, le dije en el gimnasio (ejem) a una señora (flaca y fea) que había conocido el día anterior y de quien no recordaba el nombre: “chilena”. Se lo dije con un tono simpático, amistosamente, porque es chilena y aunque vive aquí hace mil años tiene tonada. Se puso como loca, y me reprochó, “es como si yo a vos te llamara la gorda”. Me dio tanta risa que la pobre, cuasi analfabeta para más inri, todavía está esperando la explicación del chiste.
    Qué le vamos a hacer. La envidia existe. Lo malo es que esas mujeres educan a sus hijos, hermanos, maridos en este código perverso en el que tener kilos de más es peor que ser puta, ladrona, mal bicho, ignorante, drogadicta o fastidiosa.
    Nosotras, a lo nuestro. Y que se joda quien no conozca el código de valores.
    Si tu novio te dice que “anoche te miraba y no me gustabas” lo mejor es responder con una carcajada -eso desactiva la agresión-: “Se nota que estás envejeciendo y necesitás consultar al oculista para que te recete un buen par de anteojos”. Se va a dar por aludido. Eso sí, tenés que reírte de vos misma también, porque si no lo matás, como dice Cacho Castaña y después tendrás que huir.
    Lu

  2. Te leo y revalorizo lo que tengo.
    Te leo y puedo asegurar una sola cosa: el amor nos corre del camino de todo aquello que no tiene ninguna importancia, de todo lo malo, de toda la gente que no. El amor vence.
    Hermosa de todos lados, los que importan siempre están.
    Que siempre haya más.
    Te abrazo fuerte.

  3. “Que en la caravana de la defensa de tu persona la que vaya primera alzando la bandera siempre seas vos.” Que importante es tener la fuerza de alzar esa bandera, y el empuje de la caravana que viene atrás. Esa caravana que no son solo personas que te quieren sino también textos como este. Gracias y ojalá que nunca pierdas tu bandera!

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