El primer despertar.

Me desperté teniendo que no tenerte.

El primer despertar del primer día del ya no hay nada más. Todo se terminó y así es como me despierto: intentándolo. Y con los ojos vidriosos y una sonrisa invertida me propongo rescatarme del infierno de la presencia de la ausencia para tratar de transcender el dolor y seguir adelante, rota, pero con el pegamento en puerta. Y entonces abro la ventana con la esperanza de que el sol me llene de energía: y llueve. Llueve. Como si el clima supiera. El día está gris, y llueve.

Salgo de mi casa cubriéndome de las gotas, en vano, porque mis lágrimas hacen que llueva más abajo del paraguas. Y llego a la parada. Y el colectivo no para. Y cuando por fin logro subirme al segundo, me acomodo en un asiento doble. Alguien sube, se sienta al lado mío, y apenas tiene la oportunidad se cambia a uno simple.

Llego a mi trabajo y mi escritorio es una pirámide de papeles más imposible que las egipcias. Y los llamados y los pedidos; y tener que hablar cuando tenés un ladrillo atravesado en la garganta de la angustia, que con mucha suerte te está permitiendo respirar.

Ninguna parte de la rutina colabora para hacer el día meramente llevadero, ni llevadero, ni transitable, ni vivible, ni recomendable.

Y salgo, y sigue lloviendo. Voy a la parada de colectivo y veo que la cola se extiende media cuadra. Espero 40 minutos para poder subir, para viajar parada, para tardar el doble. Trato de hablar con alguien pero es imposible porque mi celular no tiene señal, trato de escuchar música pero el ruido citadino es tan ensordecedor que no me deja distinguir los tonos en la bola uniforme de sonido que es vivir cuando estás triste. Entonces llego a mi manzana para detectar que además debo atravesar una inundación si en algún momento quiero entrar en mi hogar.

Y cuando por fin llego, empapada, me doy cuenta que el día va a seguir sucediendo más allá de mí. Que al mundo no le importa si yo estoy triste, que nada va a ser más fácil para mí. Y me siento sola, y vacía. Me ducho y me voy a dormir.

 

Me desperté teniendo que no tenerte.

El segundo despertar del segundo día del ya no hay nada más. No es mejor, tampoco es peor. Es igual. O sea: es peor. Pero hoy hay sol. Porque hoy sí, hoy salió. Y voy a la parada de colectivo, y el colectivo llega, y cuando subo me encuentro con una conocida a la que quiero y que no veía hace mucho. 

Llego al trabajo y la pila de papeles se duplicó, hay una replica exacta al lado, pero de medialunas. Alguien cumple años y alguien fue a la panadería y alguien va a comer. Ese último alguien soy yo.

Y a la vuelta me hablan mis amigas para invitarme a una fiesta el fin se semana, y alguien me pasa un video gracioso, y alguien graba un audio y me hace reír.

Y cuando llego a mi casa, me doy cuenta que si bien el día fue todo lo esperable, estoy triste igual. Que el contexto puede empeorar o facilitar la cotidianidad, pero el sentimiento de dolor profundo vive adentro y ese no se modifica por los fenómenos atmosféricos o el contexto social. Que se puede ser feliz entre la hostilidad, y se puede estar rodeado de fiesta divertida, y estar callado y pensando. 

Pero también me doy cuenta que hay algo inevitable que sí se modificó: el tiempo. Que hoy no es el ayer de lluvia pero tampoco se parecerá al mañana incierto. Que ya pasaron 2 días, y seguirán pasando, como desafíos, como pruebas. Y que si bien por el momento nada es fácil, ya lo va a ser. Y que no tiene que ver con el acostumbramiento, sino con la distancia, con la distancia necesaria para alejarse del fuego de lo triste y empezar a construir los cimientos que se tranformarán en trampolines de los que saltaré hacia mi futuro.

 

Pasó el tiempo.

Me desperté teniendo que no tenerte.

El primer despertar del primer día del tengo una vida llena de oportunidades por delante. Cuando vuelva les cuento.

 

 

(Dedicado a todos los que así lo quieran, y para P.Q.)

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19 comentarios en “El primer despertar.

  1. A veces entre tanta oscuridad uno no puede ver esas nuevas oportunidades. Es tan difícil. Pasa un tiempo hasta que se corre esa cortina que te tapa los ojos.
    Es bellísimo lo que escribiste. Ya no sé que más decirte, sólo gracias, muchas muchas gracias. P.Q.

  2. Hace poco terminé con la persona que hacía felices mis días. Se siente exactamente igual a lo que escribís. No me siento sola gracias a ello.
    Ojalá pase el tiempo y los grises se vayan… Por lo demás, simplemente gracias por estas palabras que tomaré como aliento a seguir

    • Gracias a vos por tomarte el tiempo de escribirme. No quisiera elaborar una frase rebuscada sobre a superación porque confío en que vos ya sabés que los grises se van a ir, porque necesariamente va a ser así. Tiempo, nada más ni nada menos, vos lo dijiste. Nunca estás sola, te lo aseguro. Un abrazo!

  3. No puedo creer lo que haces! Felicitaciones y mil gracias. Es muy lindo que alguien ponga en palabras todo lo que me pasa, ayuda y mucho. Seguí por siempre!!

  4. Descubrí tu blog por “No me olvidé de vos”, del cual estoy perdidamente enamorada y no entiendo cómo aun no existe un club de fans de ustedes. Por el momento, las tengo marcadas como favoritos en Twt y saber que cada semana voy a tener un nuevo texto, me alegra demasiado. No dejo de darle RT, y usar sus frases para estado de wsp.
    Pero, ahora vine a leer tu espacio, acabo de leerlos a todos. Y sin dudas este es el que más me gustó y ya lo guardé en borrador de twt para compartir el enlace, y te arrobe, obvio (aunque no sé si podés verlo pq mi cuenta es privada). Pero como sea, te leo, las leo, y me enamoro de cada palabra♡

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