Mil quinientos dos mil catorce.

Era incluso más hermosa que ella misma. Estaba perdida entre una multitud que mareaba mis ojos pero no lograba desaparecerla. Su pelo brillante conjugaba su sonrisa hermosa y sus ojos parecidos a todo lo que es correcto.

 

Era la que más zafaba del grupo.

 

No sabía cómo acercarme porque su inmensidad hubiera podido inhibir incluso al más valiente de los caballeros. Sin embargo, aferrándome a la esperanza y con un puñado de palabras de amor entre los dientes, me aproximé a su aire para darle mi mejor esfuerzo de saludo sincero.

 

Estaba medio borracho así que le hablé pero no sé qué le dije.

 

Ella sonrío ante mi balbuceo errante, tan solidaria, tan comprensiva; debía verme como quién ve a un desprotegido y sin embargo tuvo la amabilidad de no hacérmelo saber ni con su mirada ni con su actitud.

 

Se reía de lo que le decía así que era obvio que era re fácil.

 

Escribimos con el aliento de nuestras palabras el aire perimetral de nuestros rostros por horas; hubieras visto la hermosura de su tono de voz cuando contaba algo que le interesaba, cómo se conmovía ante lo simple; la hubiera escuchado eternamente en mi vida y en mi reencarnación.

 

Carla. Camila. Algo con C era el nombre, no me acuerdo.

 

Finalmente, cuando el sol de golpe achinó nuestros ojos con su resplandor, pude besar tiernamente su mejilla. El perfume de su pelo, me hubiera quedado a vivir en su pelo, la seda de su piel, nunca besé una piel de seda, hasta ella.

 

Cogimos.

 

La acompañé hasta su morada con la emoción de quién conoció al amor de su vida y ahora sabe ser feliz; la llevé de la mano, la hubiera llevado en andas infinitas para que nada en el suelo pudiera nunca hacerle daño.

 

Le dije donde estaba la parada. La del colectivo, jajajaja.

 

No veo la hora de volver a verla. Cada instante sin ella es un tiempo perdido, una pausa, una hipótesis de felicidad que nunca sabrá ser porque luego de tocar su rostro no quisiera ni que el aire me borre la huella del amor. Un amor que perpetuaré como el fuego que arde en mi pecho, para siempre.

 

Che, ¿quién es la rubia que está en tu foto de perfil?

Anuncios

2 comentarios en “Mil quinientos dos mil catorce.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s