Lo soy, lo espero.

Un día me cayó una ficha inmensa, gigante; me partió a la cabeza a la mitad y no hubo retorno desde ese momento. Hállome yo sentada frente a una computadora, cuando me miro a mi misma y me digo “¿Qué carajo estoy haciendo?”. Ajá, explicaré.

Las redes sociales forman parte de nuestra cotidianeidad y son moneda corriente en estos días, pero una moneda no devaluada, una moneda con peso. No, no un peso, una moneda. Con peso. No, no un peso. Una moneda.

Y lo digo yo que tengo Facebook hace años y paso en Twitter el 80% de mi tiempo (quizás paso menos tiempo, probablemente, pero si no exagero cada 15 minutos me sube la glucosa).

Pero si hubo algo que entendí después de que me pase un Scania por encima es esto: no voy a entrar en el juego de la suposición. Por mi salud mental.
Te voy a decir lo que vas a pensar cuando termines de leer esto: “se la da de superada que se las sabe todas y seguro hace todo lo que dice que no hace”.
No.
Porque estuve en el inframundo de la tristeza (mal, pero mal posta) y no quiero volver a enloquecer.
El día en cuestión me encontré queriendo entender, queriendo comprender qué me estaban queriendo decir a través de estímulos virtuales confusos. ¿Qué significa un Me Gusta? ¿Qué significa un Fav? ¿Por qué me comentó esta foto del 2010? ¿Qué significa este ícono? ¿Por qué? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?
Y después de pasar días desencriptando mensajes dije basta. Esto puede que sea lo que se usa, pero a mí no me sirve.

Todas las redes sociales tienen la opción de enviar mensajes privados, que son justamente para hablar directamente con la persona, y valga la redundancia, en privado. El que te quiere decir algo, puede hacerlo en cualquier momento sin la necesidad de que vos te tengas que poner a interpretar qué te quiso decir con la acción de apretar un botón.
Ese “basta” pasó a determinar que todo lo que pase en mis redes sociales tiene el mismo significado: ninguno.
¿Un pibe que me gusta megusteó una foto antigua? Bueno, quizás se le cruzó por el camino, qué se yo. Si me habla por privado iremos a tomar una birra, sino ya fue, a otra cosa. A lo sumo le hablaré yo por privado si me interesa mucho, y no porque me haya megusteado una foto.
¿Una piba que no me cae bien marcó como favorito un tweet? Olvidate que me ponga a hacer interpretaciones y suposiciones, lo tomo como lo que es, un numerito que aumentó.
¿Mirá si me voy a adjudicar un estado en el que no se arroba a nadie y que podría ser para cualquiera, incluida yo, incluidas otras? No hay chance.
Ojo. Lo que estoy haciendo es anular, no hacerme cargo. Por supuesto que voy a perder oportunidades por adoptar esta postura, eso ni lo dudo. Pero cuando aparezca alguien, supongo que esto no va a importar.
Y es recíproco. Cuando tengo que decir algo, lo digo directamente. El ultimo “tenía ganas de verte” lo dije ayer, por privado, con las palabras. No se me caen los anillos. No uso.

Literalidad al palo. Lo soy, lo espero.

 

Mi papá, para pedirle casamiento a mi mamá, convocó a todos sus amigos y con la banda le hicieron una serenata en la puerta de la casa. Obviamente que no espero eso en la actualidad, sería iluso de mi parte, pero no voy a perder un segundo de tiempo en interpretar y suponer qué otro significado tiene la acción de apretar un botón. Y que sea lo que Dios quiera.

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