Recopilación II

Simpático, comprensivo, atento, sin vueltas. Y el problema de que el flaco que se interesa en vos sea todo, menos el reventado que te gusta.

¿Se habrá olvidado de mí? Me pregunté cientos de veces en este segundo que pasó. Es difícil cuando pensás en alguien sin saber si el otro también piensa en vos. Ojalá el verbo “extrañar” definiera una acción recíproca.

Es que me gusta tanto que no veo la hora de que estemos en la puerta de Tribunales peleándonos a los gritos por la tenencia de nuestros hijos. Cuánto más fácil sería todo si no me gustaran tanto las cosas que le digo que no me diga o que no me haga, y que me dice y hace igual. Cómo nadie hizo algo cuando incluso a los 4 años ya ignoraba al que me convidaba galletitas, y corría al que me ahogaba en el arenero.

Sucede que cuando conocés al indicado no hay lugar para dudar. Si lo viste y te encantó, y pensaste rápido con qué combinarlo, te lo tenés que llevar ya a tu casa. Lo mismo para la ropa y los accesorios.

Y uno sabe lo puede dar. Te frustra que el potencial de tu mejor vos se vea limitado a lo poco que te sale ante lo mucho que te gusta alguien. Pero más allá de eso hay que intentar dar lo mejor, porque buscar la poesía en lo cotidiano te absuelve de la condena eterna que implica ser emocionalmente chato. Y el amor, que te salva la vida.

A todos en alguna noche olvidable de nuestras vidas el mal de amores nos encontró hundidos en algún vicio parafraseando a Shakira. Pero cuando dejás de pretender que sabés la letra del himno a la superación amorosa inmediata, la pasás mejor. Y el dormir bien vuelve solito. Por el momento todo es insomnio. Insomnio porque no estoy durmiendo, porque no estoy durmiendo con el que no estoy durmiendo.

De todas formas hay que entender la importancia del tiempo. La parte más dura de la goma Rosa/Azul no solo que manchaba, sino que rompía la hoja. No se consigue nada queriendo borrar a la fuerza. Y claro que pesa y es difícil lidiar con lo que pudo haber sido y no. Al peso que te marca la balanza restale 1 kilo por la ropa, y sumale 5 kilos por cada “quería pero tuve miedo”.

Me gustaría que habláramos porque quiero hablarle, y hablarle no le voy a hablar. La misma cobardía que mencioné. Morir de un infarto por miedo a morir ejemplifica a la perfección cómo funciona una ironía, pero es mejor ejemplo de cómo funciona el miedo.

Te viven diciendo “quedate con el que sepa cocinar”, “quedate con el que te escuche”, vos quedate con el que conmigo.

Me gustás tanto que me gustás más que vos.

Me gustás (más que/a pesar de) todo.

Locura temporal es que forme parte del pasado la mañana de hoy, locura temporal es que siga presente el ayer.

No me arrepiento de nada. Y hasta podría decir que mi conciencia está tranquila, si tuviera una.

 

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Tweets originales II

27 de enero de 2013
¿Se habrá olvidado de mí? Me pregunté cientos de veces en este segundo que pasó.

7 de marzo de 2013
Me gusta tanto que no veo la hora de que estemos en la puerta de Tribunales peleándonos a los gritos por la tenencia de nuestros hijos.

10 de marzo de 2013
Locura temporal es que forme parte del pasado la mañana de hoy.

24 de marzo de 2013
Cuánto más fácil sería todo si no me gustaran tanto las cosas que le digo que no me diga o que no me haga, y que me dice y hace igual.

25 de marzo de 2013
Cómo nadie hizo algo cuando incluso a los 4 años ya ignoraba al que me convidaba galletitas, y corría al que me ahogaba en el arenero.

2 de abril de 2013
Morir de un infarto por miedo a morir ejemplifica a la perfección cómo funciona una ironía, pero es mejor ejemplo de cómo funciona el miedo.

18 de abril de 2013
Me gustaría que habláramos porque quiero hablarle, y hablarle no le voy a hablar.

20 de abril de 2013
Quedate con el que conmigo.

23 de abril de 2013
Simpático, comprensivo, atento, sin vueltas. Y el problema de que el flaco que se interesa en vos sea todo, menos el reventado que te gusta.

25 de abril de 2013
No me arrepiento de nada. Y hasta podría decir que mi conciencia está tranquila, si tuviera una.

28 de abril de 2013
Insomnio porque no estoy durmiendo, porque no estoy durmiendo con el que no estoy durmiendo.

3 de mayo de 2013
Si lo viste y te encantó, y pensaste rápido con qué combinarlo, te lo tenés que llevar ya a tu casa. Lo mismo para la ropa y los accesorios.

7 de mayo de 2013
Me gustás tanto que me gustás más que vos.

25 de mayo de 2013
La parte más dura de la goma Rosa/Azul no solo que manchaba, sino que rompía la hoja. No se consigue nada queriendo borrar a la fuerza.

28 de mayo de 2013
Al peso que te marca la balanza restale 1 kilo por la ropa, y sumale 5 kilos por cada “quería pero tuve miedo”.

1 de junio de 2013
Cuando dejás de pretender que sabés la letra del himno a la superación amorosa inmediata, la pasás mejor. Y el dormir bien vuelve solito.

30 de junio de 2013
Buscar la poesía en lo cotidiano te absuelve de la condena eterna que implica ser emocionalmente chato. Y el amor, que te salva la vida.

7 de julio de 2013
Me gustás (más que/a pesar de) todo.

11 de julio de 2013
Uno sabe lo puede dar. Te frustra que el potencial de tu mejor vos se vea limitado a lo poco que te sale ante lo mucho que te gusta alguien.

19 de julio de 2013
A todos en alguna noche olvidable de nuestras vidas el mal de amores nos encontró hundidos en algún vicio parafraseando a Shakira.

22 de julio de 2013
Es difícil cuando pensás en alguien sin saber si el otro también piensa en vos. Ojalá el verbo “extrañar” definiera una acción recíproca.

Hola.

Hola. Tal vez no me recuerdes porque nunca nos habíamos visto. Quizás mi cara no te suene familiar porque no soy tu familiar. Si no reconocés mi tono de voz es porque nunca lo habías escuchado. Adiós.

 

Hola. Tal vez me recuerdes porque ayer nos vimos por primera vez. Quizás mi cara no te suene familiar porque no soy tu familiar. Si no reconocés mi tono de voz es porque lo habías escuchado ayer pero tan sólo unos instantes. Adiós.

 

Hola. Seguramente me recuerdes porque ya nos vimos dos veces. Quizás mi cara comience a parecerte familiar, pero no soy tu familiar. Si no reconocés mi tono de voz es porque todavía no dije lo suficiente. Adiós.

 

Hola. Ya me recordarás, esta es la cuarta vez que nos vemos. Mi cara, a pesar de que no somos familiares, debe parecerte cercana. Si comenzás a reconocer mi tono de voz es porque ya habíamos hablado, me gustaría saber tu nombre. Adiós.

 

Hola Sofía. Soy Sebastián, ya me recordás. Mi cara debe ser como la de esos familiares que ves únicamente en las fiestas. Si reconocés mi tono de voz, deberás saber que quisiera invitarte a salir alguna vez. Me gustaría tener tu número de teléfono. Adiós.

 

Hola Sofi, soy Seba. Felices 3 meses hermosa. Me corté el pelo como querías. Vamos que llegamos tarde a lo de tu mamá. ¿Escuchaste esta canción alguna vez? Dice algo así.

 

Amor, ¿Te acordás cuando nos conocimos? Sí, tengo un par de pecas nuevas. Mi familia está enamorada de vos, incluso más que yo. Me gustaría saber cantar o recitar para decirlo mejor que esto, pero es lo que puedo: mi vida, ¿te querés casar conmigo?

 

Hola So soy Se, llegué.

 

Hola Sofi soy Seba. No se por qué me estás mirando así, ¿qué tengo? Tu vieja quiere que vayamos pero le dije que no. Si hablás mientras estoy hablando nunca vas a poder escuchar lo que digo.

 

Hola Sofía soy Sebastián. Sí, me peiné distinto, ¿está mal? Dejá de mirar programas de bebés porque ya te dije que no quiero ninguno. ¿Cuál es el problema si canto? ¿Querés que no respire?

 

Hola. Seguramente me recuerdes porque me cerraste la puerta en la cara cuando te fuiste, hace tres meses. No hacía falta que vengan tus familiares, no te voy a hacer nada. Si reconocés mi tono de voz es porque solía cantar en la ducha mientras cocinabas, si querés puedo hacerlo mientras firmás el divorcio. Adiós.

 

Hola. Tal vez me recuerdes porque hace diez años nos casamos. Quizás mi cara no te suene familiar porque ya no soy tu familiar. Si no reconocés mi tono de voz es porque no quisiste escucharme, nunca. Adiós.

 

Hola. Tal vez no me recuerdes porque nunca nos habíamos visto. Quizás mi cara no te suene familiar porque no soy tu familiar. Si no reconocés mi tono de voz es porque nunca lo habías escuchado. Adiós.

 

Hola.

Adiós.

 

Hola.

Mil quinientos dos mil catorce.

Era incluso más hermosa que ella misma. Estaba perdida entre una multitud que mareaba mis ojos pero no lograba desaparecerla. Su pelo brillante conjugaba su sonrisa hermosa y sus ojos parecidos a todo lo que es correcto.

 

Era la que más zafaba del grupo.

 

No sabía cómo acercarme porque su inmensidad hubiera podido inhibir incluso al más valiente de los caballeros. Sin embargo, aferrándome a la esperanza y con un puñado de palabras de amor entre los dientes, me aproximé a su aire para darle mi mejor esfuerzo de saludo sincero.

 

Estaba medio borracho así que le hablé pero no sé qué le dije.

 

Ella sonrío ante mi balbuceo errante, tan solidaria, tan comprensiva; debía verme como quién ve a un desprotegido y sin embargo tuvo la amabilidad de no hacérmelo saber ni con su mirada ni con su actitud.

 

Se reía de lo que le decía así que era obvio que era re fácil.

 

Escribimos con el aliento de nuestras palabras el aire perimetral de nuestros rostros por horas; hubieras visto la hermosura de su tono de voz cuando contaba algo que le interesaba, cómo se conmovía ante lo simple; la hubiera escuchado eternamente en mi vida y en mi reencarnación.

 

Carla. Camila. Algo con C era el nombre, no me acuerdo.

 

Finalmente, cuando el sol de golpe achinó nuestros ojos con su resplandor, pude besar tiernamente su mejilla. El perfume de su pelo, me hubiera quedado a vivir en su pelo, la seda de su piel, nunca besé una piel de seda, hasta ella.

 

Cogimos.

 

La acompañé hasta su morada con la emoción de quién conoció al amor de su vida y ahora sabe ser feliz; la llevé de la mano, la hubiera llevado en andas infinitas para que nada en el suelo pudiera nunca hacerle daño.

 

Le dije donde estaba la parada. La del colectivo, jajajaja.

 

No veo la hora de volver a verla. Cada instante sin ella es un tiempo perdido, una pausa, una hipótesis de felicidad que nunca sabrá ser porque luego de tocar su rostro no quisiera ni que el aire me borre la huella del amor. Un amor que perpetuaré como el fuego que arde en mi pecho, para siempre.

 

Che, ¿quién es la rubia que está en tu foto de perfil?

Ni te estoy mirando.

No me gustás. Nada. Ni un poco. Para nada pienso en vos todas las noches. De ninguna manera nos imagino juntos y felices para siempre. Jamás ni dije ni pensé que podríamos tener una historia de amor digna de libro de culto.

¿Vos te viste los ojos? Horribles. ¿La boca? Cero, creo tentación. Salí, no me generás nada, ¿no ves que no me generás nada? Salí. Mirá esos brazos, debés abrazar re feo seguro. Y no te lo digo porque me haya imaginado en tus brazos, cualquiera.

Sos re tarado aparte. Y ni chiste tus chistes. Capaz que me río pero porque me acuerdo de otras cosas justo cuando estás hablando, pero nada que ver.

Me das lo mismo, yo te destaco entre todos pero ahora porque estoy describiendo tus defectos, no es que todos me parezcan insignificantes y con vos levite de las ganas de que lleguemos a viejitos juntos. Te estás equivocando.

No sé, ni te miro. ¿Qué? ¿Quién sos? ¿Vos eras? No sé. Ni te estoy mirando.

No sos interesante, mirá si voy a estar enamorada de vos, yo no me enamoro así de cualquiera que tenga esa carita hermosa y esa actitud perfectamente provocadora; no digo que vos la tengas, son ejemplos al azar que se me ocurrieron recién.

Nada, quería recordarte que no valés la pena. Ni un poco. Y quería recordártelo por si te habías olvidado. Bueno, chau. No es que yo te diga esto ahora y después me quede pensando, o sea, jajajaja, es así momentáneo y capaz mañana aparezcas y ni me acuerde de vos ni te todo, y no sé. Chau. Ah, ya te había dado un beso, no me di cuenta. Bueno, otro. Chau. Te di dos besos, ya vas a pensar cualquiera, seguro. Así que bueno, chau. Te voy a dar otro. Chau. 

¿Qué?

Hay momentos en los que buscás un amor a prueba de balas, duradero, verídico. Pero a veces sólo querés ubicar el pingo o la empanada. Porque no siempre tenés la energía como para romeojulietearla, y está bueno entender la diferencia entre deseo y necesidad. 

Quizás para las mujeres es más difícil hacerse cargo de una entrepierna humectada que sólo necesita un ingreso de carne. Y por supuesto que siempre va a ser mejor si el otro te gusta mucho, pero a veces con encontrar a alguien que logre aterrizar la bondiola y entretenerte el canapé alcanza y sobra.

Ojo, no quiero menospreciar el sexo entre gente que se ama. Unir dos cuerpos y climaxear una noche es una causa digna de festejo y hay que brindearla mirándose a los ojos. Pero tampoco quiero menospreciar el umbral de acabamiento que puede causarte un frote por el frote per se.

De todas formas, si estás esperando matrimonear un miembro antes de degustarlo, te aconsejo que por lo menos te toquetees la vergüenza previamente así el impacto del tronco del sauce de pibitos no es tan abrupto.

Que nadie te leysequee el autoestima, el balero de ingle entre dos personas que no se aman también es correcto. 

Nunca te olvides de la importancia de ponerte el captcha de las venéreas y los niñitos, por más 40 grados que estés en el aire acondicionado de tus ganas, exponerse es estúpido y riesgoso. Forro siempre.

Y para acabar (el texto) los complejos corporales te afipean cualquier noche, torregemeleate con ganas porque nadie te juzga, y disfrutá de una buena puesta. De sol. Después de chanchearla.

Yo vivo conmigo.

Hace poquitos días escribí en Twitter:

“Mi emancipación devaluó muchos rituales cotidianos. Ahora llamo “cena” a la acción de ingerir alimento, en el mejor de los casos, sentada.”

Y no me retracto. En absoluto.

Hace 6 meses y monedas (8, para ser exactos) me emancipé, me fui a vivir sola. Uno creería que después de medio año ya estaría en un lugar más o menos cercano a la superación del desarraigo. Reiré de lo que escribí: ja ja ja. Podría redactar una tesis sobre lo difícil que es y lo mucho que me está costando.

Igual un embole que la hija única consentida de mamá que odia cocinar y tiene complejo de limpieza nivel Mónica Geller nos cuente lo muchito que sufre. Vamos a los bifes.

Vivir solo es la libertad absoluta. Las opciones son infinitas: podrías desde cantar y bailar una chacarera en ropa interior y botas texanas abajo de la ducha usando una espátula de micrófono, hasta sentarte por horas a mirar una pared haciendo nada. O abrir un blog. A nadie le importa, nadie está para juzgarte, el parámetro de lo correcto vive bajo tu juicio exclusivo. Eso es bueno. Eso es malo.

El que más daño sufre es el sistema horario. Si no existe una obligación externa que involucre la necesidad de que cumplas un horario específico (llámese: trabajo) el reloj es un cuadro 3D. He desayunado a las dos de la tarde, almorzado a las 5 y cenado a la una de la mañana. Bueno, básicamente acabo de describir cualquiera de mis domingos. El tiempo pasa y no te inquieta porque lo va comandando tu necesidad puntual del momento. Hambre, sueño, pis, la que sea.

Conciliar una cena es un IN-FIER-NO. Por lo menos en mi caso. En este momento estoy cenando, por ejemplo (léase: comiendo una tarta que ya está fría en los intervalos en los que releo). Pero estoy contenta porque por lo menos estoy sentada. Y es una comida, no un picoteo random directo de la mesada de lo que haya.

Un día me quise poner un vestido que tiene un cierre en la espalda. Volveré a reír de lo que escribí: ja ja ja. Pobre yo, muy pobre de yo. Pensé en llegar a la fiesta y solicitar que alguien en la puerta me ayudara a subirlo, pero por suerte pude solucionarlo antes. Nunca pensé que mi indumentaria también se vería afectada.

Las noches son tuyas, enteras; y lo que pase lo contarás como anécdota al otro día en el trabajo o por WA a tus amigos mientras desayunás. El estado de ánimo lo tenés que cuidar como si fuera agua en el 2087 (vieron que no va a haber más) porque así como entraste, vos solo y por tus propios medios vas a tener que poder salir. No te podés dar el lujo de tener miedos de ningún tipo, y cada día es un nuevo desafío que te encuentra solo. Pero con una mochila repleta de herramientas, que no pesan.

Lo importante es saber que vivís solo pero no estás solo, que de hecho estás a años luz de estar solo; y que esta soledad habitacional es momentánea porque si tu deseo es algún día convivir con alguien, se va a dar. Porque así lo querés y así sucederá. Y mientras tanto tenés que saber aprovechar las infinitas posibilidades de la soledad, que no es una mala palabra. Amén.

Seguiría pero me esperan una ducha y unas botas texanas. Que tengan muy buenas noches.