Que te consuma.

Querés un amor que te consuma, que te penetre en cada fibra del cuerpo, que se te enrede en el pelo; que se aferre a tu piel y te la marque, que las cicatrices duelan, que te duela amar y ese amor y que te guste doblegarte ante lo que ya no podés hacer o podrías pero qué importa qué, porque te arde la sangre de sed.

Lo querés ya, lo querés recién ahora porque lo querías ayer, lo hubieras querido antes de que se te ocurra; hay un abrazo que es de saliva y es a tu cuerpo, y más, por favor dame más porque puedo con esto y con todo y no me alcanza.

Lo querés inmenso, lo queres profundo; querés caer y que te atrape, y te tire contra el suelo, que el suelo sea el piso, que el piso sea el cielo.

Lo querés presente, lo querés todo lo encima que es adentro; y cuando ya no puedas más de querer, querer más, como un fuego eterno cuya llama no puede no ser.

Querés un amor eterno, de la eternidad del todo, que te lleve a la locura de saber que amar es de verdad, y es para siempre.

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