Página 29.

La vida nos enfrenta a un doble discurso constante, relacionado al hecho de que eventualmente nos vamos a morir. “De la muerte y de los cuernos no se salva nadie” me explicó la amante de mi ex novio, a la cual maté para que también pueda entender el dicho.

¿Cual es el doble discurso? Ajá. Sería algo así como: Viví la vida al máximo porque te podés morir, pero no te arriesgues demasiado porque te podés morir. El vaso medio lleno, medio vacío. Largar todo e irte a vivir a Connecticut con medio dolar persiguiendo un amor, tomar la Aspirineta para prevenir el infarto.  

Supongo que la clave está en encontrar el equilibrio. No podemos hacer cualquier cosa porque podríamos terminar con una calidad de vida muy inferior a lo que ansiamos desde pequeños, pero tampoco tiene sentido el estado permanente del miedo. Cada uno va encontrando los límites que mejor le combinan con su personalidad y sus valores, que le quedan cómodos, y cada tanto arriesga y se la juega por ese pantalón de dudoso criterio estético que lo hace sentirse vivo.

¿Tendría algún sentido la vida si supiéramos cuando nos vamos a morir? ¿Haríamos algo distinto de lo que venimos haciendo? Porque en definitiva el “cuando” es circunstancial y podría ser mañana. ¿Dijiste todo lo que querías? ¿Hiciste todo lo que sentías? ¿Por qué tuviste tanto miedo?

¿Te gustaría saber cuando te vas a morir?

¿Yo? Me muero en la página 29.  

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